lunes, 16 de diciembre de 2019

Remedio de rescate


Probablemente muchos de nosotros conocimos los remedios florales de Bach a raíz de una experiencia en donde utilizamos el famoso Rescue Remedy (remedio de rescate) la única mezcla estandarizada que el Dr. Edward Bach creó y  aprobó para determinadas situaciones.

Esta mezcla de cinco remedios se ha popularizado de una manera extraordinaria alrededor del mundo, casi considerándose la panacea de los remedios florales. De venta libre en muchas farmacias y que muchas personas piden para aliviar síntomas que van desde el insomnio hasta las crisis de ansiedad.


Sin embargo, su utilización tan generalizada nos muestra que aún en nuestros días existe una desinformación enorme respecto a la terapia floral. 

Ya que, como su nombre lo dice, este es un remedio de rescate y no una terapia floral individualizada y centrada en las verdaderas necesidades del consultante en un hoy existencial determinado, y es muy cierta la aseveración que repetimos sin cansancio en los entrenamientos de futuros terapeutas: Si una persona necesita que la rescaten constantemente, no está tratando la situación de fondo que la llevan a requerir constante rescate. 

El Rescue remedy no puede ser el único componente en la terapéutica integral de una persona desde el punto de vista de la terapia floral, tenemos que escarbar más profundo y determinar exactamente qué estados emocionales, agudos o crónicos, tenemos que equilibrar para que la experiencia de vida de la persona sea más agradable, adaptativa, sana y sobre todo realizar la toma de consciencia de su contexto y sus respuestas a éste. Sólo con la toma de consciencia podemos llegar al verdadero meollo del asunto y así proporcionar los remedios florales necesarios para un tratamiento verdaderamente sustentado en las necesidades de nuestro consultante.

Ahora bien, el remedio de rescate ha mostrado su utilidad en incontables ocasiones y es un aliado invaluable para los terapeutas florales ya que hay situaciones que, efectivamente, necesitan este remedio. 

El rescue remedy está compuesto de cinco remedios florales que podemos encontrar entre las 38 flores de Bach, éstos son: Rock rose, Impatiens, Clematis, Cherry plum y Star of Bethlehem.

Rock rose está indicada para situaciones en que tenemos pánico o un miedo tan grande que nos sobrepasa, Impatiens nos da calma y nos permite controlar la sensación de querer huir o de aceleramiento en todos los sentidos, Clematis nos permite estar presentes, sin estar aletargados, no perder el conocimiento o la consciencia o incluso imaginarnos lo peor en una situación de crisis, Cherry plum nos permite mantener el control de nuestras emociones, no estallar o sentir que vamos a hacer algo de lo que nos arrepintamos y finalmente Star of Bethlehem nos permite suavizar el impacto emocional de la vivencia que estemos experimentando.

Naturalmente, todas las flores que componen el remedio de rescate tiene muchas más indicaciones, algunas estando entre los “remedios tipo” que abarcan estados mucho más profundos o arraigados, que tienen indicaciones de rasgos de personalidad y carácter en los que muchos podemos identificarnos fuertemente a lo largo de nuestra vida. En este espacio nos limitamos a describir su efecto en una situación de emergencia.

De esta manera, podemos darnos cuenta de que el remedio de rescate nos es de utilidad en situaciones como: emergencias, crisis, sustos muy fuertes, desgracias, accidentes, malas noticias, ataques de pánico, crisis de ansiedad, nervios antes de entrar a un examen o algún problema de anticipación aguda. 

Situaciones estresantes inmediatas que requieren de una solución pronta y efectiva, podemos utilizar el remedio de rescate junto con otros remedios, incluyéndolo en la mezcla personal en caso de ser necesario. Sin embargo, siempre será mejor poder trabajar las situaciones emocionales en una terapia personalizada y hacer una mezcla indicada para los estados emocionales exactos que el consultante necesita, sobre todo si la situación es de larga data.


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Tocar tierra


Muchos de nosotros decimos tener alergia al drama, y sin embargo podemos ser protagonistas de telenovela con cada situación que llega a nuestra vida, sacando nuestras dotes histriónicas y creando historias de terror de los eventos más simples.

Lo que te choca, te checa, una frase muy trillada que encierra una de las verdades más aceptadas por la psicología en general; y profecía que generalmente se cumple cuando nos ponemos a analizar de una manera honesta todo lo que pasa por nuestra cabeza, sin tratarnos de engañar y sin querernos ver bajo una luz amable y narcisista.

Así que, si te choca que las personas hagan una tormenta en un vaso de agua, o cualquier otra característica que detestes, puedes estar seguro de que mientras que un dedo apunta hacia el otro, tres apuntan hacia ti. Por eso, muchas de las veces es mejor guardarse las opiniones negativas que tenemos sobre los demás, ya que sin querer anda uno ventaneando sus defectos o sus traumas. Las cosas que no significan nada o que no nos mueven en algún sentido, generalmente pasan desapercibidas por nuestros sentidos o nuestra cognición; solo vemos lo que somos o lo que ya conocemos por historia de vida, y tienen razón cuando dicen por ahí que nunca vemos el mundo como es, sino como somos. La mesura ante lo que sale de nuestra boca es necesaria y también vital para poder entendernos verdaderamente.

¿Cómo podemos comenzar a dejar el juicio y concentrarnos en tocar tierra sin tener que tocar fondo? 

La respuesta es una incógnita, porque no funciona igual para todas las personas. Aunque sí hay una estructura más o menos definida sobre esto, no siempre es lo más adecuado o lo ideal para todos. Hay personas que necesitarían armar un drama para poder sacudir un poco su congelado corazón mientras que algunas otras necesitan bajarle a su intensidad emocional y comenzar a pensar (bien) antes de actuar o explotar.

Lo principal es conocerte, saber de dónde vienes, tus patrones, los lugares que te hacen caer y los que te hacen volar. No se puede tocar tierra si no conoces el terreno o al menos tienes una idea de cómo está el paisaje por donde caminas. Cuando caminamos ciegamente podemos llegar a cualquier parte, y una de esas caminatas puede llevarnos a tocar fondo. Y no es que el fondo sea malo, las profundidades esconden muchos secretos y tesoros que probablemente la superficie nunca nos pueda dar; la cuestión aquí es que vivir tocando fondo termina por enterrarte vivo. Hemos romantizado tanto el renacer como el ave fénix y el drama de la vida que muchas veces se nos olvida lo disfrutables que son las cosas simples y sencillas, la estabilidad y lo predecible.

Si bien demasiada estabilidad pude llegar al estancamiento, el drama y el cambio constante pueden llevarnos al agotamiento. De tal manera que no nos queden fuerzas para poder seguir adelante con lo que realmente tenemos que hacer o lo que es realmente importante para nosotros o para perseguir lo que verdaderamente deseamos. Sin afán de alabar la monotonía o el aburrimiento de la resistencia al cambio, el tener un suelo firme en dónde pararnos nos da la base sobre la cual construir lo que queramos y cada uno de nosotros necesitamos encontrar los elementos que constituyan ese terreno fértil en donde sembrar, siempre de acuerdo a lo que queremos cosechar. 

El punto es siempre conocer el mapa y la tierra a la cual queremos llegar. La sinceridad de quien no se ve a sí mismo como un ente completamente terminado sino en construcción ayuda mucho para poder trazar la ruta, conocer nuestro pasado y entenderlo nos ayuda a no querer zarpar hacia lugares a donde ya hemos estado y que sabemos que no nos hacen felices, y finalmente aceptar nuestro equipaje nos permite saber hasta dónde realmente podemos llegar con los elementos que tenemos y cuales nos hace falta recolectar antes de poder finalizar la trayectoria.

Pero siempre es importante aprender a tocar tierra, mantenerse en ella, apreciar lo que nos da, sus regalos que casi siempre son seguros, continuos, sin mucho barullo ni gritos. La confianza que provee es la de la permanencia y la constancia, quizá no haya mucho movimiento, ni drama para entretener el morbo, pero para muchos que ya han transitado el camino de la turbulencia, esta manera de vivir se siente más como en casa.

lunes, 14 de octubre de 2019

Oak


Para aquellos que se esfuerzan y luchan intensamente para curarse, o en relación con los asuntos de su vida cotidiana. Seguirán intentando una cosa tras otra, aunque su caso parezca sin esperanzas. Seguirán luchando. Están descontentos consigo mismos si la enfermedad interfiere con sus deberes o en su ayuda a los demás. Son personas valientes, luchando contra grandes dificultades sin perder esperanza o esfuerzo.
Dr. Edward Bach
Los Doce Curadores y Otros Remedios

Los remedios florales de Bach están organizados en un sistema, que es bastante sencillo de usar cuando estamos conscientes de nuestras emociones y de qué es lo que debemos de trabajar en cada situación. Hay diferentes familias de emociones en el sistema, cada una de las flores que están dentro de este sistema trabaja un aspecto de esta emoción y aunque a veces pudiera parecer que un remedio debería estar dentro de otra familia, en realidad hay que entender la razón detrás de la cual se clasificó en ese grupo.

La flor que elegimos para este mes es Oak, el roble, y está dentro del grupo “Desaliento y desesperación”. Oak tiene un lugar muy característico dentro del grupo ya que su desánimo tiene que ver con no poder seguir adelante cumpliendo con sus deberes porque alguna enfermedad o situación no le permite continuar trabajando. Es interesante cómo el Dr. Bach la describe ya que nos da muchas pistas sobre qué tipo de persona pudiera necesitar Oak en su mezcla personal.

Generalmente son personas que trabajan arduamente por conseguir sus objetivos, que tienen gente que dependen de ellos y por lo mismo llevan una gran responsabilidad sobre sus hombros, gente valiente que lucha por seguir adelante aunque pudiera parecer que el caso está perdido. Sin embargo, así como el roble es un árbol fuerte y que puede soportar grandes pesos, cuando se derrumba puede ser muy difícil levantarlo, y muy frecuentemente es una caída estrepitosa.

Uno de los conceptos claves aquí es el deber, las personas Oak o que se encuentran en este estado, tienen un alto sentido de la responsabilidad y se desaniman cuando no pueden cumplirla. Buscan desesperadamente una manera de eliminar lo que les impide continuar con sus tareas, aún si esto significa tener que dejar de lado su salud. Oak necesita aprender a descansar, a distinguir qué batallas vale la pena pelear y cuáles puede dejar para otra ocasión y así no deteriorarse en vano. Le vendría bien también identificar en qué situaciones puede delegar responsabilidades a otras personas y entender que no tiene que llevar el peso del mundo sobre su espalda.

No todo en esta vida es trabajo y esfuerzo incesante, el deber es importante para Oak, pero paradójicamente la persecución de éste a toda costa puede llevarlo a un estado tal en el que le sea imposible seguir adelante con él. La consecuencia de no descansar cuando se necesita es que Oak no pueda seguir cumpliendo con su labor, que es justamente aquello que quieren evitar.

En ocasiones pueden volverse muy tercos y reacios al reposo e incluso desesperar al no ver la salida de aquello que le impide seguir adelante, el remedio ayuda a estas personas a no venirse abajo cuando la presión y la adversidad se vuelven muy grandes, a tomar consciencia de las limitaciones de su cuerpo para no extralimitarse y caer en un estado de salud que les sea aún más molesto y difícil, tienen la fuerza para seguir adelante sin importar la carga, y es probable que después del remedio incluso tengan más, lo que la flor hace es que la persona adquiera mayor respeto por sí misma y su cuerpo para poder saber, a veces de manera intuitiva, cuándo es necesario parar y tomarse un break de toda la carga que lleva en sus espaldas. 

Cuando llegan a este equilibrio, la persona puede seguir siendo responsable, con gran tesón para llevar a cabo todos sus deberes y también darse espacio para descansar, delegar, escoger qué es lo que de verdad vale la pena para darle todo el esfuerzo.


miércoles, 14 de agosto de 2019

Escuchar los mensajes de la vida


La vida siempre nos manda señales, que nosotros queramos verlas y escucharlas…esa es otra cuestión.

Más de una vez pedimos y rogamos por pistas, y de seguro nos ha pasado que en ciertas situaciones que nos desafían, queremos una especie de guía que nos ayude a anticiparnos a las catástrofes, o de perdida que las cosas no nos salgan tan mal. Esta cuestión tiene dos situaciones de fondo que convendría analizar en un futuro, la anticipación catastrófica y la falta de confianza para tomar las propias decisiones, pero ese no es el punto de este pequeño texto.

¿Qué pasa cuando, efectivamente, nos mandan las señales que pedimos? ¿Las escuchamos o mejor nos hacemos tontos un ratito?

Y es que el problema no es tanto la señal o la respuesta que pedimos, sino que ese mensaje no trae lo que nosotros queríamos o esperábamos, no es cómodo cuando la vida habla y no te dice cosas lindas; cuando el mensaje que llega es una llamada de atención o incluso te insta a la acción para que generes un cambio, y entonces nos ponemos dubitativos y hasta escépticos de dichas señales.

Pero una parte de nosotros siempre sabe cuando estás por buen camino, las mejores señales vienen de esa voz que a veces silenciamos a fuerza porque no está alineada con nuestros deseos comodinos de seguir en el hoyo. Y es que pareciera que la comodidad y la flojera nos dejan ciegos ante todo lo negativo de nuestras situaciones, podemos ser miserables en un lugar pero es más incómodo moverse, y vamos por nuestra existencia haciendo tratos y negocios muy malos con nuestra calidad de vida solo por no hacer un esfuerzo pasajero, al parecer nos hemos quedado muy chiquitos en cuanto a deseos y anhelos porque nos conformamos con medio vivir y medio disfrutar, cuando podríamos movernos tantito pero tener una vida completamente diferente y mucho más satisfactoria.

El pensamiento del esfuerzo infinito que nos separa de nuestra vida ideal en realidad resulta una ilusión cuando comenzamos a trabajarlo. Incluso a algunos de nosotros nos parece imposible porque lo vemos como si tuviéramos que levantar un gran peso de un solo golpe, pero nunca es así, los grandes cambios requieren de trabajo constante, de pasos pequeños pero continuos. La perspectiva de hacer todo el trabajo de una sola vez y después tirarse a descansar puede funcionar en algunos casos, sin embargo el detenerse en el proceso muchas veces genera inercia y a largo plazo estancamiento, solo el movimiento continuado nos puede dar un resultado más favorable y darnos más certeza de que no dejaremos de movernos.

El problema nunca son las señales, ellas están ahí todo el tiempo; las captamos con lógica pura, sentido común, con “intervención divina” y la mayoría de las veces las entendemos como un simple “no me late” o un “me dieron ganas”, las señales siempre están presentes.
Lo que muchas veces no nos deja escuchar al universo es nuestra terquedad de hacer las cosas a nuestra manera y dudar de lo que nos grita la vida, no querer dejar ir lo que ya no funciona, aferrarse a personas que ya no son buenas para nosotros, situaciones que nos hacen infelices pero que mantenemos porque estamos acostumbrados a ellas. El peligro de esta aproximación es que nuestro deseo de cosas mejores en la vida se va reduciendo, se va haciendo cada vez más pequeño. Y cuando el deseo es diminuto entonces ya hasta podemos morir en paz porque estamos satisfechos (incluso hartos) con lo que vivimos.

Y cuando hablo de deseo no me refiero a querer carros, ropa y esos cachivaches que frecuentemente nos llaman la atención y terminan dándonos satisfacción instantánea pero de muy corta duración. Me refiero a experiencias, conexiones con otras personas o ideas, estar en paz en tu casa, desear hacer algo por los demás o por ti mismo. El deseo por estas cosas se puede incluso ver reducido a pensar que estamos haciendo mucho por el mundo; y darnos cuenta de que lo hacemos por motivos completamente egoístas o que antes deseábamos más y ahora nos estamos conformando con sacar la chamba para recibir nuestro cheque a final de mes. No está mal la comodidad, lo que pasa es que nos deja justo en donde estábamos y si ese no era el fin que queríamos lograr, entonces no nos está sirviendo de mucho. La comodidad debe ser un medio o una herramienta para lograr algo más, no un fin en sí mismo, de otra forma seguramente nos quedaremos estáticos hasta la podredumbre.

Siempre he creído en escuchar lo que la vida nos dice, porque nos habla constantemente. A todos nos cuesta trabajo escuchar a la voz que ya sabe lo que se tiene que hacer, algunos por flojera y otros porque dudan de su propio criterio, otros por aferrados y algunos más por no creer el mensaje que nos está llegando. El escuchar la voz siempre nos mueve, pero el movimiento cuesta trabajo, y si no estamos dispuestos a preguntar y recibir cualquier respuesta, entonces tal vez no deberíamos hacerlo y quedarnos con la duda.

Quizá a partir de ahora deberíamos prestar más atención a los mensajes que nos está enviando la vida, saber qué nos está gritando. En un descuido nos damos cuenta de que todo aquello que alguna vez le pedimos está justo a la vuelta de la esquina, y simplemente nos está dando mucha flojera dar esa última vueltecita para conseguirlo.




martes, 2 de julio de 2019

Aprovechando nuestros eclipses

Alguna vez leí que nunca debemos odiar al mensajero, sino entender que simplemente es eso: un mensajero. Pero en el contexto de la vida muchas veces esas cosas que te tratan de dar ánimo simplemente parecen no encajar en el cuadro mínimo que tenemos en frente. 

Esa frase se refería a que en cada situación negativa, o cuando estamos frente a una persona o personas que nos están provocando alguna negatividad, tenemos que saber que es un mensaje de la vida llamándonos la atención; de ahí que no debemos odiar al mensajero sino prestar atención al mensaje.

Estos últimos días, he estado pensando y yendo más hacia adentro que de costumbre; y aunque en otros momentos de mi vida hubiera estado aterrorizado del cúmulo de emociones que vienen cuando te echas un clavado al mar de tus negaciones, ha sido sorprendentemente un viaje muy esclarecedor. Digamos que últimamente he tenido oportunidad de hacer un recuento de mis mensajeros, y resulta que no han sido tantos. 

Sin embargo, y como todo en la vida, la calidad supera a la cantidad. Y cuando hablo de calidad no me refiero a facilidad, sino todo lo contrario. Quizá los mensajeros hayan sido pocos, pero las lecciones que han traído has sido fuertes sacudidas. Y es que en esos momentos uno no logra ver lo que le toca ver, y para no sentir el peso tan fuerte de lo que estas viviendo generalmente quieres poder apuntar con el dedo a alguien, no muy diferente a ponerle una pistola al mensajero.

Pero, como en los eclipses, el sol nunca se va, la luz sigue estando ahí aunque parezca que ha desaparecido; y cuando esa luz se va solamente nos queda poder voltear a ver hacia adentro, cuando es imposible ver hacia afuera solo nos queda tomar cartas en el asunto y ver cómo podemos a volver a encender la luz que se ha apagado. A veces toca ir por una vela o una linterna, una muleta que nos permita sobrellevar el momento de oscuridad. De sobra está decir que esta solución tiene fecha de caducidad, porque aunque pueda llevarse por un momento la penumbra, en algún punto se acabará la pila o se extinguirá la vela. Soluciones parciales que ayudan pero que hacen aún más patente la ausencia de la luz del sol que en realidad necesitamos.

La solución más simple es la de esperar a que la luz regrese por sí sola, pero ¿Qué pasa cuando  se acaba el eclipse pero nos hemos acostumbrado a la oscuridad, cuando a pesar de tener el sol brillando afuera simplemente queremos correr la cortina? Porque es natural querer pasar un rato a oscuras pero querer quedarse a vivir en la oscuridad o verse impedido de salir de ella ya es otra cuestión más seria. Muchos preferimos quedarnos en nuestras sombras; confrontar los mensajes y salir de nuestros eclipses personales es extenuante, sobre todo cuando ni siquiera sabemos que los tenemos. La oscuridad no deja ver, y eso reconfortante la mayoría de las veces. En la oscuridad pueden ocurrir dos cosas: volvernos autoindulgentes y acurrucarnos para dormir, olvidar la conciencia nueva de nuestra situación, adquirida por el súbito apagón de luz. Y la otra opción es buscar el interruptor de la luz o al menos algo en nuestros bolsillos para comenzar a ver y posteriormente recuperar la claridad de las cosas. 

Con la ilusión de tiempo y espacio de nuestro mundo, generalmente no nos damos cuenta de cuándo estamos frente a un apagón de luz, o cuándo la pérdida de ésta es inminente. Dejamos pasar, y nos permitimos vivir en el claroscuro por un tiempo, medio viendo y medio viviendo, hasta que una vez bien instauradas las sombras nos preguntamos cómo llegamos ahí, cómo pudo haber pasado “de repente”. 

A veces ni siquiera planeamos para esos momentos, olvidamos la linterna de nuestro celular o no embolsamos el encendedor para tener un mínimo destello de iluminación en el momento de crisis.

Lo que tenemos que saber es que, en cualquier situación de eclipse, apagón, pérdida de certeza, crisis existencial o cualquier otro nombre que se nos ocurra para dicha situación, existe el antídoto de asumir lo que estamos pasando. Y asumir significa también aceptar que estamos en el hoyo.
Se vale llorar, dar golpes en la mesa por la frustración, quedarse horas mirando al vacío, querer compañía y cariño para animarse. Si nos hace falta para aceptar que estamos en donde estamos, entonces está bien. 

Y aunque aceptar pudiera parecer resignación, sí son dos aspectos distintos. Resignarse ante algo es hasta cierto punto rendirse ante una eventualidad que no nos permite tener más opciones, aceptar es entender lo que nos está pasando, hacer una pausa ante nuestras reacciones automáticas y poder actuar con conocimiento de causa.

¿Y qué pasa con el mensajero? Porque siempre está ese alguien que parece ser la causa de nuestro apagón. Y en ausencia de luz pareciera que todo se vuelve más pesado, y el mensajero se vuelve más un villano que lo que es. Nosotros tenemos la decisión de saber cuándo ha sido suficiente regodeo en el dolor para poder avanzar. No creo que haya un tiempo límite para el rencor o el odio, al contrario, podemos alimentarlos y hacerlos crecer hasta el punto de hacerles un monumento en nuestra cueva oscura, hacer de ellos nuestra bandera y hasta sacar “fuerza” de ese lugar.

No creo tampoco que alguien tenga el derecho a decirnos cuándo tenemos que dejar de culpar a otros por nuestras desgracias; lo que sí cuestiono es qué tipo de resultados generan esas semillas. Podrían parecer excelentes cuando, desde nuestra visión de enojo, podemos vengarnos o desquitarnos; pero a largo plazo y con el esfuerzo y tiempo dedicado a esos sentimientos no sé cuál sea el resultado final, y cuánto sufrimiento conlleva el darles cabida por tanto tiempo solamente para lograr una satisfacción que, vista desde un marco más grande, no sabemos si en realidad valió la pena o si resultó ser una buena inversión. Si tomamos el consejo de escuchar el mensaje sin odiar al mensajero tal vez nos podríamos ahorrar sufrimiento innecesario. El dolor puede ser real, pero el cultivarlo sí resulta opcional a largo plazo.

Y al final resulta que no hay una respuesta definitiva respecto a soltar y dejar ir, si leemos las opiniones populares, todas coincidirán en que hay que hacerlo cuanto antes. Leeremos que el perdón, la reconciliación, el dejar ir y soltar es lo mejor que le puede pasar a una persona. Y tal vez sí, sin embargo siempre he sido de la opinión que la rapidez no garantiza un proceso bien hecho y que la insistencia en dejar ir y soltar sin haber elaborado y aprendido lo pertinente de la situación es un desperdicio de vida; porque si sueltas sin haber tenido tiempo de observar, lo más seguro es que no reconozcas la piedra con la que te tropezaste la vez anterior, o vuelvas a caer en el mismo hoyo porque no te fijaste en dónde estaba, la premura de soltar no te permitió aprender del camino y te encuentras una y otra vez en el mismo lugar. 

Es por eso que los eclipses son buenos cuando los sabes aprovechar, nos dan la oportunidad de parar el ajetreo de la vida diaria para observarnos, para buscar la luz que nosotros podemos generar en lugar de depender de un ente externo que siempre esté ahí para nosotros haciendo el trabajo de luminaria. Comprender que la oscuridad no es nuestra enemiga, sino una herramienta de transformación ayuda a aligerar los momentos de penumbra que, inevitable e inexorablemente, tendremos en nuestra vida.

Pretender que la vida estará libre de dolor es engañarse a sí mismo, mientras más trabajo interior realicemos es más probable que los altos y bajos sean atenuados por nuestra actitud interna, sin embargo es bueno tener siempre presente que éstos son algo natural. 

Hoy tenemos eclipse, probablemente la luz que deseábamos o esperábamos tener en nuestra vida se haya ido ya. Pero la luna nos enseña que si seguimos su ejemplo solo podemos ser receptores de luz, no brillamos por nuestro propio mérito, cambiaremos, seremos cíclicos. Y aunque, sospechosamente, nos parezcamos mucho a ella, sí podemos ayudar a alumbrar a los otros compartiendo un poco de lo que tenemos con los otros. Entre destellos y reflejos podemos encender una luz más grande y permitir que las sombras se disipen, dejando ir y cerrando ciclos cada mes, aprendiendo los diferentes aspectos de nosotros en el proceso, y algún día quizá poder convertirnos en otra cosa más allá de la comprensión de eclipses, fases y movimientos celestes.

miércoles, 5 de junio de 2019

Por qué poner límites



Más de una vez nos hemos encontrado con ese consejo que se da tan libremente, pero que nadie nos explica bien qué es lo que significa: Necesitas poner límites.

Pero ¿Qué son los límites? ¿Cómo los pones? ¿Significa que tengo que poner una cerca alrededor de mí y andar caminando por ahí con ella? Porque de ser así parece muy poco práctico y es evidente porqué muy pocas personas se esfuerzan por hacerlo.

La verdad es que rara vez se le enseña a los niños pequeños a poner límites, tenemos que aceptar que vivimos en un mundo en donde complacer, mantener apariencias, caer bien a los otros para conseguir algo a cambio…son situaciones muy comunes. Y muchos padres incluso inculcan a sus hijos a que no pongan límites para no parecer maleducados.

En suma, muy pocas veces les enseñamos a las futuras personas adultas a decir que NO. Es poco común también que se nos inste a apreciar y cultivar qué nos gusta, qué no queremos para nada y qué cosas jamás vamos a aceptar; la crianza muchas veces se centra en la obediencia y punto, pero no le damos chance a los niños a desarrollar este sentido de identidad y de independencia que tanto necesitan. Condiciones para todo: si haces esto, entonces obtendrás tal cosa. Amor condicionado: si no te portas de determinada, forma ya no te voy a querer. Y así nos vamos entrenando a que siempre tenemos que ceder en algo para obtener otra cosa. Lo que no nos dicen es que este proceso muchas veces nos lleva a simplemente ser seres condicionados para recibir algo a cambio sin cuestionarnos más allá de si eso que recibimos es bueno para nosotros o si realmente deseamos lo que creemos que deseamos.

Y evidentemente también perdemos ese sentido de qué es bueno para mí, qué me gusta, qué es lo que yo quiero, y hasta dónde llego yo como persona. Cuando perdemos la noción de saber quiénes somos en ese momento de nuestra vida, y olvidamos que podemos poner un alto a lo que ya NO deseamos o no nos gusta entonces nuestros límites personales se comienzan a volver borrosos. El proceso de despersonalización que viene después es algo horroroso, porque perdemos de vista la identidad que veníamos construyendo desde hace tiempo, y si nunca la hemos tenido clara, un día podemos vernos en un espejo y ni siquiera reconocer la imagen que nos refleja; nos convertimos en los deseos de los demás, en sus necesidades, en las expectativas del otro. Si bien es verdad que nuestro mundo toma forma cuando entra en contacto con “el otro” también es verdad que cuando el contacto es extremo y no hay nada que nos separe entonces nuestro “yo” se vuelve confuso, con todas las consecuencias que implica.

¿Cómo me puedo dar cuenta de que me hace falta poner límites? Para muchas personas esta pregunta es tan importante casi como otra que va en esa misma línea: Si queremos ser de servicio y ayudar a trasformar el mundo ¿Cuándo estoy siendo empático y cuando simplemente están abusando de mí? ¿Cuándo parar de ayudar? La cuestión no es fácil siempre, en este tipo de situaciones no hay una respuesta universal.

Aunque al mismo tiempo sí hay una respuesta sencilla: si hay algo que no quieres hacer y lo estás haciendo por cualquier razón que no sea tu propia decisión, estás violando tus límites. Si hay alguien que constantemente está pidiéndote favores y accedes por no ser mala onda, entonces no estás respetando tus límites. Cuando hay una persona que te está haciendo algo que no te gusta y no has dicho basta, tus límites están siendo violentados.
Situaciones así de pequeñas se pueden magnificar si nunca aprendemos a identificar cuando no hay una barrera que demarque nuestra identidad, nuestro ser y voluntad y la contrasten con la de los otros. Si esto se vuelve confuso, las cosas pueden escalar muy rápido.

Un foco rojo de no tener límites claros es cuando la dignidad en nuestras relaciones y situaciones de vida va disminuyendo, o es inexistente. Cuando la dignidad se va, no hay nada que justifique quedarte ahí, no hay ayuda o proactividad sin dignidad, así de simple. No se puede dar en un lugar en donde no hay ganas de recibir, o donde no hay alguien que aprecie o pueda recibir lo que damos. Parece paradójico, pero en muchos casos el dar y compartir está justamente en restringir nuestra ayuda. Si le estamos enseñando a la otra persona que puede vulnerarnos, que puede sobrepasar nuestros límites (por mínima que parezca la situación) entonces nuestro deseo aparentemente altruista se vuelvo egocéntrico, ya no estamos defendiendo lo más preciado que tenemos; y por no querer perder una relación o sufrir en el proceso de restringir nuestro impulso de ayudar, le estamos enseñando a los otros a no respetar, egoísmo puro disfrazado de ser buena onda.

El ser buena persona, buen amigo, buenos padres, no quiere decir que te tienen que pasar por encima y sin respeto. No quiere decir que tienes que poner la otra mejilla siempre, cada caso es muy particular pero la fórmula es sencilla: si ya tienes la conciencia de que te falta poner límites y sigues permitiéndolo, entonces hay que revisar muy a fondo lo que nos está haciendo actuar tan pasivamente. Enfrentar la vida con límites puede ser escalofriante si nunca hemos aprendido a valorarnos, a decir que no, o a quedarnos un rato solos con tal de tener dignidad (dicen que más vale solo que mal acompañado, y es verdad). Hay casos en los que se pueden hacer ciertos sacrificios por el bien mayor, pero siempre es una elección propia que se tiene que hacer, sobre todo cuando te estás poniendo en una situación incómoda; tiene que ser con conciencia, cuando la elección entra en acción el abuso sale por la puerta.

Los límites son un tema bastante escabroso en nuestro país, justamente porque no se nos enseña a ponerlos, es una cuestión arraigada fuertemente. Es importante reflexionar sobre esto y sus consecuencias porque podría parecer un tema de desarrollo personal pero permea a través de toda nuestra cultura. Cuando vemos a alguien que rechaza ayudar a alguna persona pensamos que qué mala onda. Si hay alguien que reclama porque otra persona se metió en su lugar de la fila pensamos que es un exagerado, o si alguien reclama que no le están devolviendo los cincuenta centavos de su cambio en el supermercado pensamos que es un miserable. Y no, es simplemente exigir algo que nos pertenece: el derecho a decir que NO.

Poner límites es un músculo, hay que entrenarlo. Hay gente a la que se le da natural, sin embargo muchos no pertenecemos a esa clase de personas. Es importante hacerlo, de lo contrario nos podemos estar acercando peligrosamente a una vida llena de descontento e inconformidad, sintiendo que abusan de nosotros cuando en realidad hemos permitido que nos abusen, hay que reclamar cuando se tiene que reclamar; hay tiempo y contexto para la paz, y también hay tiempo para exigir que se nos respete.




miércoles, 1 de mayo de 2019

Creando amor y apreciación


¿Alguna vez has soñado con que te encuentras al amor de tu vida? 

Quizá sí, o tal vez también sueñas con que por fin puedes tener tu trabajo ideal, con las personas “ideales” para tu crecimiento o el proyecto que siempre soñaste. Probablemente todos estos escenarios los tuvimos en mente en algún punto de nuestra vida; soñamos, seguimos soñando o dejamos de soñar dependiendo de cómo nos fue en la feria. 


Todos tienen un deseo idealizado, un tinte rosa, romántico (y de carencia, dicho sea de paso). La búsqueda desesperada y la redención del encuentro, lo incompleto que se completa, el sacrificio y la recompensa, un polo que conecta con el otro y crean algo nuevo. No decimos que eso no suceda, o que sea imposible, este tipo de cosas pasan algunas veces en la vida. Lo que sí decimos es que muchas veces creemos que cuando se encuentran las dos partes que se buscan (sean parejas, proyectos, amistades, carrera, etc.) esa conexión se mantendrá por siempre e irá creciendo y desarrollándose; huelga decir que esa realidad rara vez se ve manifestada.

¿De cuántos descalabros amorosos hemos sido testigos, de cuántas decepciones? 
Muchos de nosotros pensamos que el amor es algo que se debe dar antes y con base en eso podemos actuar ante lo que tenemos en frente, tenemos que amar a la persona antes de involucrarnos más, tenemos que tener una total apreciación de nuestro trabajo para hacerlo bien. A la mayoría no se nos ocurre que el amor, en cualquiera de sus formas y con cualquier objeto, se construye y muy pocas veces se da a priori.

Podemos tener deseo, infatuación, atracción, quizá un poco de codicia por ese objeto que deseamos; pero amor, apreciación verdadera, deseo de hacerlo más grande, de desarrollarlo…eso se va construyendo con el tiempo, esfuerzo y al trabajo que le invertimos.

Pensemos en alguna relación significativa que tengamos, probablemente comenzó todo lindo, con facilidad, hubo atracción, se vibró bien. Después conforme fuimos conociendo a esa persona pudimos ver los “detalles” que no nos gustaban tanto, y después vinieron los problemas con esos detalles. Aquí tomamos la decisión de si queríamos continuar con ese vínculo o preferíamos dejarlo de lado para continuar con nuestra vida sin esa relación. Y este es el punto decisivo con el que nos encontramos cada día de nuestra vida en relación con las cosas en las cuales queremos hacer florecer el amor y apreciación. Esta decisión de no soltar, de estar dispuesto a trabajar para transformar, la decisión de ver nuestras áreas de negatividad para ver hasta dónde somos parte del problema y sentir el deseo de hacer lo necesario para continuar, es lo que hace que realmente digamos que estamos construyendo el amor.

Dejando atrás el romanticismo, el amor no es la causa de la unión entre parejas, trabajos o cualquier otra cosa que desees, sino el efecto. Quizá puede haber al inicio un destello cegador de algo que parece amor, pero que en realidad es solo una ilusión causada por la emoción que nos provoca el desear o necesitar. Cuando esa emoción inicial se disipa comienza el verdadero trabajo para crear amor, y si no hay voluntad el efecto que buscamos no llegará. Habremos sido víctimas de la ilusión del mero deseo de gratificación fácil y rápida pero no habremos conseguido el amor que llega cuando has invertido energía, tiempo, esfuerzo y motivación en crear o transformar algo. No está mal disfrutar algo pasajero, sin embargo las posibilidades de que eso se convierta en algo duradero no son muchas. Habrá que plantearnos nuestros objetivos y creencias en la vida para realmente poder trabajar sobre lo que queremos lograr.


Y esto es un buen consejo para desarrollar amor en cualquier área de nuestra vida, tenemos que involucrarnos en el trabajo y en lo que hacemos para llegar a amarlo. La inclinación, el deseo y la motivación inicial son básicos para poder iniciar; sin deseo no podemos comenzar a construir nada, y aun cuando nos encontramos en una situación que no nos encanta, podemos desarrollar una mínima apreciación por lo que estamos haciendo si inyectamos ese animo y trabajo. Pero tenemos que tomar en cuenta que la satisfacción, y el efecto que buscamos en nuestra vida es proporcional al trabajo que estamos dispuestos a invertir en ello, no hay de otra.

Es importante saber que la reflexión constante en por qué y para qué deseamos lo que deseamos es necesaria, tampoco podemos desperdiciar nuestro esfuerzo en lugares o personas que, por alguna u otra razón, no pueden recibir lo que queremos dar o compartir. Tampoco podemos soportar nada que dañe nuestra dignidad humana porque eso va en contra de cualquier efecto positivo que podamos buscar. Un afamado psicólogo decía que: “Para que un matrimonio o una relación de compromiso funcione a largo plazo, debes de estar dispuesto a hacerlo todo por la otra persona, incluso dejarla”.  

Es parte del trabajo tomar las decisiones pertinentes para preservarnos y mantener nuestra dignidad, el amor propio es el punto de inicio y la base fundamental de cualquier relación duradera; pero también es parte del amor dejar ir cuando no podemos construir ni transformar, cuando no hay espacio ni apreciación para lo que queremos dar, o somos un obstáculo para aquello que amamos; eso también es una manera de dar y compartir.

Este tema es mucho más complejo de lo que podamos explicar en un pequeño espacio como este, pero lo que sí podemos compartir es que la voluntad, el involucramiento verdadero y el trabajo son necesarios para construir amor y apreciación a largo plazo. 

El amor eterno y el “vivieron felices por siempre” rara vez llega. La vida no es cuento de hadas, pero puede ser extraordinaria y aún más maravillosa cuando tomamos responsabilidad y la libertad de decidir qué queremos de ella. Quizá no haya un príncipe azul, ni el trabajo ideal con las personas maravillosas que fantaseamos, pero seguramente sí habrá una persona o una labor real y tangible en la que podamos invertir nuestra energía, y cuando ese deseo de dar se activa entonces las posibilidades para una satisfacción y amor duraderos se abren, no como una causa para hacerlo, sino como el efecto y a la vez la meta que nos mantendrá con motivación para llevarlo a cabo.



lunes, 8 de abril de 2019

Diente de león



Personas con deseos, emociones e impulsos intensos, que les gusta estar siempre en acción y prefieren hacer las cosas rápido y de una manera determinada. 

Sufren de mucha tensión por el exceso de fuerza que ponen en sus asuntos cotidianos, a veces rígidos o inflexibles, les cuesta seguir el ritmo de la vida y descansar.

El remedio ayuda a conectar con el deseo de hacer sin desgastar el cuerpo o la mente en el proceso.

Artius


Muchas veces no logramos entender que el cuerpo necesita desacelerar el paso, queremos seguir adelante, con gran impulso, exigiéndonos mucho porque nuestro deseo así lo indica. Y no es un error, no está mal sentir el impulso de manifestar todo aquello de lo que somos capaces.

El problema viene cuando no sabemos el momento de parar o de darnos un descanso, en esos momentos en los que estamos en la cama y no logramos desconectarnos del ritmo vertiginoso de la vida que nos hemos creado o que el mundo nos exige.

Lo que viene después ya todos lo hemos sentido: tensión en el cuerpo, acidez en el estómago, reflujo, tics nerviosos. Señales de que nuestro cuerpo está hiperestimulado y que nos grita que necesita descanso, pide esquina urgentemente, y a veces aunque queramos darle esa oportunidad no somos capaces de hacerlo porque ya el ritmo es parte de nosotros.

Aquí es cuando la esencia floral de Diente de león es de mucha utilidad, este remedio nos ayuda a desacelerar, bajarle al ritmo que llevamos para poder conectar con esa verdadera fuerza que nos permitirá hacer aún más. Ese “relax” que mucho nos recomiendan lo podemos encontrar con este remedio floral; a veces esa intensidad se puede ver reflejada en tensión, reacciones violentas cuando las cosas no van como queremos, inflexibilidad, corajes por pequeñeces y otras reacciones que nos indican que estamos muy lejos de una relajación que permitirá que las cosas fluyan con el ritmo que deben tener.

Es un excelente relajante cuando queremos poder hacer una pausa para el descanso o cuando estas reacciones ya son parte de nuestra vida cotidiana, el remedio crea la conciencia de que podemos seguir con el flujo de las cosas sin necesidad de forzarlas y nos ayuda a tomarnos todo con más calma. Muy parecido a la esencia floral de Nopal en este aspecto, pero mientras que Nopal se estresa porque no confía en el proceso, Diente de león empuja más fuerte, forzando las situaciones, y evidentemente que el cuerpo y la mente le pasarán la factura.

Así que la próxima vez que nos sintamos estresados, tensos, acelerados, irritables y sin poder descansar, podemos ir por nuestra esencia floral de Diente de león para que nos ayude a darnos un break y podamos reponer fuerzas para darlo todo cuando sea necesario.

lunes, 4 de marzo de 2019

Aspen


Temores vagos y desconocidos, para los que no se puede dar ninguna explicación, ni razón. Sin embargo, el paciente puede estar aterrorizado de que algo terrible vaya a suceder, sin saber qué. Estos miedos vagos e inexplicables pueden acecharle de noche o de día. Los que lo padecen a menudo tienen miedo de contar sus preocupaciones a los demás.
Dr. Edward Bach
Los Doce Curadores y Otros Remedios

Este es un remedio floral del sistema Bach, con una aplicación muy interesante y precisa. Se encuentra en el grupo de “Miedo”, pero es un particular y único tipo de temor.

Mientras que los otros remedios florales en este grupo pueden nombrar la causa del miedo que sienten, Aspen se caracteriza por ser un miedo o ansiedad vaga y sin razón aparente. Son ese tipo de temores que de repente nos dan sin saber por qué o a qué tememos, pero que aun así nos pueden poner la piel de gallina o meternos en un estado en el que nos sentimos realmente atemorizados y desconcertados porque no logramos entender la razón del miedo.

A veces pareciera que sentimos que algo malo va a suceder, como una sensación vaga o aprehensión, corazonadas, un susto al cual no podemos poner nombre. En ocasiones algunas personas lo llaman ansiedad o presentimiento de algo negativo, pero no logran identificar la causa.

Es muy importante mencionar que en muchos sitios podemos leer una descripción de Aspen como un remedio para el temor a lo desconocido, a los fantasmas, a la muerte o a perder el control. Sin embargo estas descripciones corresponden a otros remedios ya que podemos identificar a qué le tenemos miedo, mientras que la indicación para utilizar Aspen es cuando no sabemos el origen del miedo, simplemente llega y así como llega se va, sin que nosotros sepamos explicar la razón de nuestro miedo o pánico.

Si decimos que tenemos miedo a los fantasmas o a lo desconocido entonces el remedio floral Mimulus sería una opción más adecuada, si repentinamente tememos perder el control en una situación y hacer algo de lo que nos arrepintamos entonces el remedio indicaría más la selección de Cherry Plum.

Un ejemplo muy común de un miedo Aspen sería cuando entramos a un lugar y repentinamente sentimos temor, ansiedad, aprehensión sin saber por qué; y por más que intentamos explicarnos o enumerar las razones por las cuales tememos, simplemente no encontramos una causa, es en esos casos en donde Aspen está indicado para ayudarnos a encontrar la calma de nuevo.

Muchas veces el remedio floral nos brinda la seguridad de que nada malo sucederá, también nos podría ayudar a identificar la causa del temor y sentir el alivio del equilibrio emocional, la certeza de que estaremos bien aunque no hayamos identificado lo que nos hizo temer tanto. El estado negativo Aspen puede dar de noche o de día, estando solos o acompañados, no es una cuestión de algún factor que podamos enumerar o nombrar.

Podemos mezclar este remedio con otras esencias florales si la situación lo amerita, si sentimos este tipo de temor o incluso pánico podemos agregar otros remedios para esos casos y nos permitirá encontrar tranquilidad de una manera más efectiva y rápida. Es importante recordar que los remedios florales no se contraponen o tienen contraindicación, por lo que una prescripción adecuada es indispensable para lograr una solución satisfactoria.

Aspen es un remedio floral excepcional para casos en que las personas sienten ansiedad pero no saben qué la está causando y esto les da aún más ansiedad, o en situaciones en las que podemos sentir verdadero terror porque sentimos que algo malo pasará pero no logramos saber qué. Aspen nos da seguridad, confort, valor y permite que podamos estar tranquilos en este tipo de situaciones.